La otra cara del entretenimiento político

 


La otra cara del entretenimiento político

Todos estamos inmersos en un mundo cada vez más sumiso ante el entretenimiento. Las risas nos hacen sentir bien, pero anestesian nuestra capacidad crítica ante la realidad de los hechos.

Vivimos en una era en la que mientras más profundo y detallado sea el contenido, menos interesante es para nosotros. Antes la educación estaba regida por estrictos protocolos y un sinfín de modelos de conducta que facilitaban el discernimiento de las audiencias cuando estaban expuestos ante una persona preparada y un vende humo.  
 
Para presentarse a un canal de televisión, una radio o redactar para un periódico, era necesario estar preparado y sostener con argumentos comprobados la veracidad de cuanto se emitía. Hoy todos comunicamos algo en nuestra cotidianidad. 
 
A finales de los 80 y durante los 90, comenzó a utilizarse el término politainment, esto significa “política y entretenimiento”, también está el término infoentretenimiento político. Ambos hacen referencia a la influencia que ejerce el entretenimiento sobre las grandes audiencias. 
 
En este sentido, el conocido escritor Mario Vargas Llosa, engloba este fenómeno en un solo libro y lo titula “La Civilización del Espectáculo”, allí podemos descubrir como pasamos por alto hechos de interés social, tras distraernos con todo el contenido superficial. En palabras propias del autor: 
“Un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal… La banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo…”

 Cuando Llosa publicó este libro, todavía no existía el Tiktok, ni el Instagram se había proliferado tanto, cuando este libro se dio a conocer en el 2012, el Facebook y el Twitter eran el boom de las redes sociales en aquel momento. 

Si el libro se reescribiera hoy, ¿Qué podríamos añadirle? Las personas anestesian su lado crítico mientras reciben cantidades excesivas de información basura a lo largo del día. 

No existen filtros para el espectáculo, las iniciativas para acabar contra la desinformación están enfocadas en la verificación y constatación de los hechos, pero, al mismo tiempo, se nos está colando el espectáculo por la puerta trasera llegando a nosotros de forma discreta, tanto así que bajamos la guardia creyendo que todo es una broma. 


¿Qué tienen en común Berlusconi, Chávez y Trump?

En este apartado, me referiré a estos personajes políticos desde un punto de vista mediático, sin entrar en detalles acerca de sus respectivas corrientes de pensamiento.

Sin más, lo que tienen en común los tres es su inminente necesidad de llamar la atención.

¿Acaso recordarían en Italia a Berlusconi, si no se hubiera valido del fútbol y del entretenimiento mediático para alcanzar el poder? Recordemos que él, antes de aquella frase mítica “discesa in campo” (bajar al campo) que lo llevo a convertirse en primer ministro, era un hombre con poder mediático cuando muchos años atrás era solo un cantante de cruceros.

¿O alguno recordaría a Chávez, sino fuera por su carismático estilo discursivo que permitió ganarse la confianza de una parte importante de los venezolanos y mantenerse varios períodos en el poder?, tocar instrumentos musicales, cantar, bailar y cuantas cosas se salieran del protocolo, fue lo que le permitió distinguirse del resto.

¿Y qué decir acerca de Donald Trump? Quién se podría haber imaginado que el magnate y excéntrico multimillonario lograría alcanzar el poder por medio de escándalos y un particular estilo discursivo que logró convencer a una mayoría que le respaldó durante su mandato.

Estos tres individuos convergen en un punto particular denominado “Las Tres Pes de Moisés Naím” que son: populismo, polarización y posverdad. Te invito a leer: ¿Qué son las tres “P” de Moisés Naím y por qué deberíamos conocerlas? Si te interesa profundizar en el tema. 
 
Los citados líderes, no representaban los deseos de una nación, sino que que alimentaron las brechas existentes entre las mayorías, dividieron para conquistar y así lo hicieron. Poniéndose a sí mismos como el centro del espectáculo, convirtiéndose en autócratas del siglo XX y XXI. 


La era de los distraídos 

Las actuales tendencias comunicacionales están siguiendo un curso en el que se prioriza la sencillez, las risas y el entretenimiento. Pasamos la mayor parte del tiempo saturándonos de contenido a través de nuestros dispositivos móviles, cabizbajos, buscando con qué distraernos. 
 
Un líder es quien agrupa las distintas voces en una sola y la canaliza para que ésta sea escuchada. Si la sociedad sigue distraída, ¿Qué voces escucharán los líderes del futuro para guiarnos? 


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